El llamado racismo científico, o mejor, racismo seudocientífico, es un proceso bastante reciente pues tuvo su origen en la Ilustración francesa, encontró su mayor difusión en los países nórdicos de Europa y en Estados Unidos, fue considerado correcto hasta después de la Segunda Guerra Mundial y, entonces, se negó la misma existencia de razas humanas.
La superioridad de la raza blanca situó a los negros solo un poco por encima de los chimpancés y los gorilas, con ello se justificó el colonialismo del siglo XIX. En la misma época surgió también el darwinismo social según el cual sobreviven los grupos mejor dotados y se creyó que se podían determinar las condiciones morales de los humanos, a partir del estudio de la morfología craneal.
Carlos Linneo describió a los europeos como blancos, de cabellos claros y abundantes y tenían la predilección de ser gobernados por leyes. Los negros, en cambio, tendrían los cabellos ensortijados, la nariz ancha, además serían astutos, perezosos y preferirían ser gobernados de manera arbitraria.
España quedó al margen de esta ideología. Ya José Acosta, naturalista español del siglo XVI, decía que la inteligencia tenía que ver más con la crianza que con las características morfológicas del cráneo. La raza para los españoles tenía más bien un sentido cultural.
Los colones ingleses, y después las autoridades norteamericanas, practicaron un colonialismo excluyente que no generó ni el mestizaje ni la integración y produjo el exterminio de los indios. Los franceses solo admitieron en los censos de población a los nacidos de padres franceses y a los nacidos en Francia, no reconocían a la población indígena. En cambio, en el Imperio español el indio fue considerado desde el primer momento como hombre libre y poseedor del derecho de propiedad.
En Estados Unidos hasta 1924 no se aprobó la ciudadanía americana por lo que los indios no tenían la protección del Estado. Cuando en 1848 terminó la guerra contra Méjico se les concedió la ciudadanía estadounidense a los mejicanos que vivían en los territorios anexionados, pero un año antes se había expulsado a los indios que vivían al este del Misisipi, empujándolos hacia el oeste. No fue una operación de guerra sino una operación de limpieza, o mas bien una cacería, tratándolos más como animales que como humanos. Australia tampoco reconoció a los aborígenes hasta 1867 y se les negó la propiedad de las tierras de sus antepasados.
Enrique Gómez Gonzalvo, 17-12-2022, Referencia 432