NO ES POSIBLE LA LEGALIZACIÓN DE LAS DROGAS

                      

Los partidarios de la legalización dicen que el consumo de drogas nunca ha representado un problema en la historia de la humanidad hasta que su consumo  fue prohibido. Recuerdan  que el  alcohol, que había convivido con el hombre desde hacía  6.000 años, no produjo  graves problemas hasta que  su consumo fue prohibido en la famosa Ley seca en Estados Unidos Entonces surgió  una industria mafiosa que dejó muertos, destrozos y corrupción entre los que solo querían ejercer  su sagrado derecho a emborracharse.

Es cierto que los hechiceros de muchas tribus en el Paleolítico consumían alucinógenos, que los campesinos del Perú mascaban hojas de coca y que los turcos inhalaban cannabis, pero en los  años 20 del siglo pasado,  el gran número de inválidos que se había producido  en la pasada  guerra de trincheras, determinó el aumento del consumo de opiáceos y su extensa  adicción.

Coincidiendo con el  Movimiento de mayo del 68 aparecieron   manifestaciones culturales y   expresiones artísticas, primero en Estados Unidos y después en Europa,  que estaban al margen de la tradición y de la cultura oficial. Bajo el lema  “haz el amor y no la guerra”  invitaban  a la “desobediencia civil”,  a la primacía del hedonismo, acompañado, eso si,  del aumento del poder adquisitivo de los ciudadanos y  al consumo de drogas.

 La ingestión o inhalación de una sustancia psicoactiva o droga no supone una adicción,  pero se calcula que aproximadamente el 10 % de los que la consumen crearán una dependencia  y eso,  sí es una enfermedad que puede producir la destrucción del ser humano, primero psíquica y después física.

En la creación de la dependencia  tienen más importancia  los factores genéticos que  los  factores de riesgo (familias desestructuradas,  familias que consumen drogas,   patologías asociadas como la depresión, trastornos de la personalidad especialmente el llamado  trastorno límite de la personalidad, etc.), de aquí que aparezcan toxicómanos en niños de “buena familia”.

  Si se legalizara  la producción,   distribución y  consumo aumentaría el nivel de libertad individual, pero  el hacerlo supondría aceptar ética y moralmente que su consumo por puro recreo está bien. Y al bajar el precio y aumentar la disponibilidad, como ocurre con el alcohol, se incrementaría el consumo y la drogadicción. Permitir la   marihuana sería  abrir a puerta a las  drogas más duras.

           Enrique Gómez Gonzalvo,  18-10-2022,  Referencia  350


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