EL MITO DE LA BONDAD Y LA SABIDURÍA DEL PUEBLO

               

Tanto se ha adulado a los votantes repitiendo  eso de la bondad del pueblo, de la sabiduría del pueblo, de la generosidad del pueblo, del instinto siempre acertado de pueblo, que la idea que el pueblo nunca se equivoca se ha convertido en un mito. Los que más lo utilizan no preguntan a ese pueblo tan sabio, opinan en nombre del pueblo,  se autocalifican de ser sus intérpretes y dicen actuar en su nombre. Hugo Chávez llegó más lejos al decir  “yo no soy yo, yo soy el pueblo”.

 La política  se define como la ciencia que trata del  gobierno de una nación y de  la organización de las sociedades humanas, especialmente de los Estados.  Como ocurre con todas las ciencias sociales, no es   como las matemáticas donde dos y dos son cuatro y no pueden ser otra cosa o como   la física y la química, donde se puede experimentar.

 La política como actividad, como profesión, aunque está muy desprestigiada y no es el reino de la honorabilidad, tampoco tiene que ser el de la corrupción. El nivel moral entre los políticos es bajo, pero también es el de   la sociedad. Por eso, si se tienen principios morales la participación en la política resulta ser muy dolorosa, pero a la vez muy gratificante.

Los políticos más peligrosos no son los corruptos o avariciosos, ni siquiera los políticos tontos. Son los populistas, los demagogos, los que tratan a los ciudadanos como menores de edad, manipulando la opinión pública. Son los que dicen a la gente lo que quiere oír. Los que prometen  un presente y un futuro de bienestar y seguridad, con unos derechos que siempre van a más, sabiendo que ellos ya no estarán en él.

Son también los que ofrecen  a la ciudadanía trabajar menos y jubilaciones anticipadas, todo a  la vez,  aunque  el crecimiento de la economía sea cada día más pobre. Los que orientan la economía al consumo, aunque  lleve a una subida del gasto público,   aumento de los impuestos y  del endeudamiento y se vuelven un peligro cuando llegan a cuestionar la austeridad. 

Hacen  falta políticos que digan la verdad, lo mismo en público que en privado. Que afirmen que no hay nada gratis, que es preciso el esfuerzo, que ni Europa nos va a pagar la salida de la crisis ni el Estado tiene recursos suficientes para  solucionar nuestra vida. Que se precisan reformas profundas sobre las pensiones, sobre la educación, sobre la baja natalidad y la inmigración. Y a los jóvenes  que la  sociedad es muy competitiva, que el aprobado gratis es engañarles y destruir su porvenir, que es necesario volver a la cultura del esfuerzo.

Deben ser sobre todo valientes, que es verdad que todos los hombres son respetables, pero que no ocurre lo mismo con las opiniones, que hay ideologías, como el nazismo y el comunismo  que son tóxicas.

 Enrique Gómez Gonzalvo 22-03-2022 Referencia 439


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