INTELECTUALES ASESINADOS DURANTE LA GUERRA CIVIL

              

La Guerra civil también  produjo muchas víctimas entre los intelectuales de  ambos bandos. Se trataba en general de personas   que no habían cometido ningún delito y murieron por su ideología o simplemente, si estaban en el lado republicano, porque iban  a misa.

La primera baja en el bando nacional que es lo que precipitó el levantamiento del general Franco fue el jefe de la oposición Calvo Sotelo, fusilado el 13 de julio de 1.936 por los escoltas del Ministro del interior Don Indalecio Prieto.

 En la primera fase de la Guerra además de Paracuellos del Jarama, que fue la matanza más sistemática y atroz de la guerra, fue fusilado el intelectual que tuvo más resonancia mediática,  Ramiro de Maeztu, un radical izquierdista en su juventud que fue evolucionando a posiciones extremistas de derecha. También fusilaron al fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, un aristócrata acomodado, hijo del dictador don Miguel Primo de Rivera. Al fundador de las JONS Ramiro Ledesma, procedente de la clase media baja, de mayor formación intelectual que el anterior. Entre los escritores destacó Pedro Muñoz Seca, dramaturgo de éxito al que dieron muerte en Paracuellos.

En cuanto a los fusilados en el bando nacional, el que caló más hondo en la opinión pública internacional fue el de Federico García Lorca  por su talla universal  y por la eficaz propaganda progresista.  No se sabe si fue víctima de querellas locales de caciques (su padre lo era), de la homofobia, de la envidia o del odio político (aunque su compromiso con la izquierda era muy tenue). Huyendo de Madrid para que no le fusilaran los republicanos, a casa de unos amigos falangistas en Granada, allí encontró la muerte. Menos conocido, salvo quizá en Andalucía, fue el  notario Blas Infante personaje un tanto estrafalario que terminó próximo al islam.

Otros intelectuales no fueron ejecutados, pero murieron a consecuencia de la guerra. Como Miguel Hernández, que habiendo combatido en el bando republicano, murió en la cárcel de tuberculosis.

También fue muy lamentable la muerte de Julián Besteiro, socialista coherente, bondadoso y moderado.  En el 34 condenó la insurrección de Asturias, por lo que fue aislado por su propio partido. En el 36 promovió el fin de la guerra.  Fue la única figura política que se quedó en Madrid para recibir a las tropas vencedoras, pero Franco se negó a negociar y tampoco tuvo piedad para él.  Después de un juicio patético no lo mataron, pero lo condenaron a treinta años. Murió en prisión en 1940 víctima de la enfermedad y de las malas condiciones carcelarias.

Manuel Azaña murió en el exilio. En su último discurso el de la reconciliación, pidió paz, piedad y perdón. El diagnóstico de la situación era acertado, pero pésimo político, no hizo nada para conseguir la paz que pedía.

Antonio Machado excelente poeta,  un pobre monigote en manos del PC.  Mientras elogiaba a la Unión Soviética dedicó un poema a Líster que comenzaba “si mi pluma valiera tu pistola”.

A los 60 años de terminada la guerra  ¿deben tener una calle en Madrid?  Todos o  ninguno. Mejor ninguno, así no hay discriminaciones.

         Enrique Gómez Gonzalvo  25-10-2021 Referencia 479


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