NACER MUJER

                                              

Maribel Verdú ha afirmado recientemente que “nacer mujer ha sido, es y será una desgracia”. Se podría pensar que se refería a las 1.300 millones de mujeres  musulmanas que sí están discriminadas y sometidas a una dictadura atroz o a los 700 millones de mujeres chinas, sin embargo, aunque desconocemos  sus vivencias personales, parece se refería a las mujeres españolas y de la civilización occidental en general.

El feminismo radical nos quiere hacer creer que las mujeres en España están discriminadas, lo que no es verdad. No hay nada que les impida a las mujeres valiosas estar al mismo nivel que los hombres o incluso mejor.

Las mujeres en general no se reconocen víctimas y muchas no aceptan que una ideología, contraria a la libertad, pretenda arrogarse la representación de la mitad de la humanidad. Por eso, la inmensa mayoría de las  trabajadoras, se sienten indignadas ante esas mujeres comunistas.

A partir del movimiento feminista se está haciendo con frecuencia una valoración excesivamente positiva de la mujer, como antes se había hecho del hombre, hasta el punto que muchos varones, por querer parecer políticamente correctos, incluyen esa premisa en su discurso.  Parece que ser mujer, como antes ser hombre, da un valor añadido a la persona, algo que es totalmente descabellado.

La realidad es que el hombre y la mujer son muy semejantes en la mayoría de los aspectos y radicalmente distintos solo en algunos.  Tomemos como ejemplo la elección de pareja. En las mujeres tiene mucho que ver la admiración por el hombre, el que el hombre disponga de poder económico o de otro tipo porque cuidará muy bien de ellas y de la prole. Por eso necesita un macho, aunque sea malo, de hecho, si es malo es posible que sobreviva y que proteja a ella y a la familia porque el bueno suele ser héroe y fallecer. En cuanto a los hombres las prefieren, si no gordas, si macizas. Él busca otra madre para que cuide de él y de sus hijos y las redondeces se relacionan con la maternidad.

Este mecanismo de elección no es ni bueno ni malo. En gran parte, y en ambos casos, no es racional, es involuntario y lo dicta el inconsciente.

El feminismo radical que predican, no la igualdad ante la ley, que todo el mundo defiende, sino el odio al varón les está perjudicado enormemente. Los efectos colaterales han sido miles de hogares deshechos, abortos masivos, violencia doméstica, miles de niños criados en familias monoparentales o desestructuradas, etc. 

 Paralelamente, uno de los mayores equívocos de algunas mujeres es querer seguir la misma dinámica laboral, familiar e incluso psicológica que los hombres, lo que es una de las causas de la baja natalidad.

Mejor haría Maribel Verdú y todas esas mujeres progresistas levantar la voz por las mujeres de Afganistán y de todo el mundo islámico y muchas de ellas que viven entre nosotros.

El PSOE se opuso como partido al voto femenino cuando lo planteó en las Cortes, con una visión liberal, Clara Campoamor.  Indalecio Prieto decía que las mujeres votarían como les dijera el confesor, por eso después los matarían (a los confesores) y Largo Caballero dijo que su aprobación había sido “una puñalada en el corazón de le República”.

Enrique Gómez Gonzalvo 19-10-021 Referencia 470


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