SOBERBIO O VANIDOSO

                                          

Hay dos clases de comportamiento humano el vanidoso y el soberbio, pero los soberbios también son algo vanidosos y viceversa.

El vanidoso necesita convencer a los demás que él es superior, para convencerse a si mismo. El soberbio está convencido. El vanidoso para persuadir a los demás de su gran valía necesita ser admirado y para ello a veces  adopta una actitud de soberbia. El soberbio no necesita la admiración de los demás.

En el  soberbio lo fundamental es el menosprecio del otro y lo demuestra con un trato distante y despreciativo. Se considera al margen de la humanidad, pero por encima de ella. Se aparta de la multitud, al contrario que el vanidoso que es sociable. Habla mal de todo el mundo, pero no es envidioso como el vanidoso. Rechaza las alabanzas.

Carece de sentido del humor sobre todo aplicado a si mismo. Teme el ridículo y sus fracasos se transforman en tragedias difíciles de superar. Mal genio y a veces ataques de ira cuando considera, por su elevada susceptibilidad, que atacan su dignidad. Cuando se disculpa añade “reconozco que soy una persona muy susceptible, pero solo antes las críticas personales y malintencionadas”.

Un escritor anónimo lo describió así: era tan orgulloso que no perdía tiempo en el rencor, pensaba que  nadie podía alcanzar los elevados valores morales que tenía él, por esto perdonaba a todos, perdonaba a los demás las faltas que no se perdonaría a si mismo. Los violadores y asesinos son como perros, solo se guían por su instinto ¡Cómo no voy a perdonarlos!  

La soberbia del  intelectual  es el afán de juzgarlo todo, de tener opiniones firmes sobre todo, de llevar la contraria a todos, de estar por encima. Lucifer no cayó por malo sino por soberbio.

En el vanidoso, en cambio, todo es falso. Está representando. Se empeña en demostrar que tiene la autoestima alta, que vale mucho, cuando la realidad  es que no está conforme con su forma de ser, tiene la autoestima baja, pero cree  que convenciendo a los demás de su gran valía, se convencerá  a si mismo, que es lo que realmente les importa.

 Al hablar, utiliza un estilo pomposo y en la escritura sus mayúsculas son ampulosas y la rúbrica es grande y envolvente. Es lo que se llama autoestima inflada.  Don Quijote le diría: llaneza muchacho que toda afectación es mala

Es mejor ser un poco soberbio que vanidoso.

       Enrique Gómez Gonzalvo 29/03/2021 Referencia 392


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