LA AUTOESTIMA INFLADA

                                

La autoestima,  el concepto que tenemos de nosotros mismos, no lo hemos adquirido contemplándonos en nuestro espejo sino buscando  en el espejo de nuestros semejantes la valoración que ellos hacen de nosotros.

Es  por eso que  si los padres, parientes y otras personas importantes consideran que un niño es inteligente, ese niño tenderá a creer que él es una persona inteligente. Por el contrario, si sus amigos cercanos  lo ven como una especie de “tonto”, es probable  que su autoestima sea muy baja.

Para ser felices necesitamos querernos a nosotros mismos, respetarnos, estar  de acuerdo con nuestra forma de ser, considerarnos personas valiosas. Si esto no sucede, si uno  tiene una  autoestima  baja, para gustarse a si mismo  es necesario convencer a los demás que es una  persona valiosa, porque piensa que si gusta a los demás, se gustará a si mismo, que es lo que realmente le importa.

Para conseguir el aprecio de sus  semejantes utiliza diferentes máscaras y se comportan  unas veces como  un vanidoso, presumido, prepotente, fantasmón, con  hablar pomposo, al que Don Quijote le diría  “llaneza muchacho que toda afectación es mala”. Otras veces lo hará como narcisista, como si estuviera enamorado de si mismo, sin defectos y encantado de haberse conocido. O  prepotente queriendo demostrar que siempre tiene razón y buenas cualidades. O histriónico, tratando   de llamar la atención  buscando  el aplauso.

Todo es falso. Todos ellos se empeñan en demostrar  que tienen la autoestima alta, que valen mucho, porque piensan que si convencen a los demás se convencerán  a si mismos. Es la llamada autoestima inflada, que es el disfraz de una baja autoestima.

En muchos, en el fondo siempre encontraremos la inseguridad y el miedo, con predominio de  las emociones negativas como la envidia, los celos y la ira. Hipersensibles al desprecio y a la crítica,  se enfadan con frecuencia y siempre están de mal humor, resentidos y jamás perdonan. Han fracasado en la búsqueda de su propio respeto, levantan la voz, se ponen furiosos y violentos. Algunos, que fueron maltratados en la infancia, serán a su vez mal tratadores de género o maltratadores de sus hijos.

Por el contrario, los que de verdad tienen la autoestima alta, los que se saben superiores, los que se sienten seguros de si mismo, los que no necesitan que nadie les haga su tesis doctoral no precisan  la adulación y el aplauso porque no tienen que demostrar su valía ni que los demás se la reconozca 

La autoestima baja, que afecta al 80 % de la población, no tiene nada que ver con la humildad porque la primera es el concepto que uno tiene de si mismo y la segunda es la manera como  uno se presenta ante los demás

Enrique Gómez Gonzalvo  04/03/2021 Referencia 334


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