LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

                    

 La inteligencia artificial quizá pueda superar al cerebro humano e incluso detectar algunas emociones  o sentimientos, pero lo que seguramente nunca tendrá  serán  emociones propias.  Y aunque las pudiera tener,   tampoco  serían útiles para las funciones que tiene que realizar  y no es seguro que esas emociones fueran precisamente positivas para nuestra especie.

Al no tener  emociones nunca superará al hombre   en el campo de los sentimientos, de la compasión, del altruismo, es decir en la inteligencia emocional.  Nunca podrá imaginar lo que piensa el otro,  entender que ese otro piense diferente a nosotros y sentir la alegría o el dolor ajeno.

La empatía, entender lo que los demás sienten y necesitan, siempre será   una cualidad esencial.  La intuición y el contacto entre las personas también serán insustituibles. Y esas habilidades emocionales y sociales son esenciales para la supervivencia y  el bienestar y nunca podrán ser trasladadas a un robot o a una computadora.

 Nunca se podrá establecer el vínculo que  debe existir  entre médico y enfermo o  entre quien aprende y quien enseña,  es decir, entre maestro y discípulo. Médico y  maestro son irreemplazables porque la intuición y el contacto entre las personas son insustituibles.

Antonio Dalmasio uno de los neurocientíficos que más ha estudiado las emociones y sentimientos humanos, afirma tajante: “Estoy totalmente en contra de la idea de que la inteligencia artificial pueda recrear una mente humana”.  Para que una inteligencia artificial tuviera emociones humanas no sólo tendríamos que recrear el cerebro humano sino también sus sentidos, su cuerpo y su cognición.

Tradicionalmente se pensaba que  las decisiones eran sensatas cuando se basaban en cálculos racionales. Los estudios de la neurociencia han demostrado   que el conocimiento y el razonamiento solos no son suficientes en general para tomar decisiones ventajosas y que las emociones  cumplen  un papel crucial en la toma de decisiones.

El profesor Antoine Bechara de la Universidad de California del Sur de la  explicó  que “aunque la gente crea que las emociones quitan racionalidad, la evidencia neurológica dice lo opuesto: cuando uno se enfrenta a un resultado muy incierto o desconocido, confiar en la intuición y en las emociones es la mejor estrategia”

Quizá sea debido  a que lo racional  y el pensamiento llegó recientemente en la escala evolutiva, en cambio las emociones y lo sentimientos  radican en el cerebro límbico, que tiene 4 millones de años de evolución.

Enrique Gómez Gonzalvo  22/01/2021 Referencia 561


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