Antes que Robespierre, Hitler, Mussolini y Lenin fue Jean Jacobo Rousseau. Todo viene de él. Como dijo Saiah Berlín todos los discípulos de Rousseau han pensado que si el hombre es bueno y practica el mal será porque no sabe lo que le conviene, así que es lícito que yo le diga lo que es mejor para él, lo que es justo y bueno. El día que descubra que su verdadero yo está lleno de bondad, entenderá mi actitud y me estará agradecido. Todos ellos se han valido de esta monstruosa paradoja para justificar su conducta. Todos dicen amar intensamente a la humanidad, despreciando al individuo por lo que lo quieren cambiar.
Desde Rousseau y la Revolución Francesa, los procesos revolucionarios se han basado en conseguir un hombre nuevo, la igualdad entre todos los seres humanos y la distribución de la riqueza de forma igualitaria. Por ello, desde entonces el concepto mismo de revolución tiene una connotación romántica y se cree que es algo noble y desinteresado.
Para realizar estos experimentos de ingeniería social, para crear ese hombre nuevo diseñado por ellos, se han producido las grandes matanzas en la historia de la humanidad. Para conseguir la igualdad, para robar la riqueza a los que la poseen, es preciso matar y esto es lo que ha ocurrido en todas las revoluciones, pero sobre todo en las revoluciones bolcheviques. Los campesinos, que representaban el 95 % de la población no querían entregar voluntariamente el producto de sus y de sus ganados.
Todos justificaban las muertes porque el fin era bueno. Así Jean-Paul Sartre, afirmó que “en los primeros momentos de la revolución, hay que matar”. “Un anticomunista es un perro”, por eso, por no ser persona se le tiene que matar. Diciendo estas cosas se le ha considerado el gran político y escritor del siglo XX.
Alberto Garzón ha dicho que ser comunista es ser “buena persona”. Juan Carlos Monedero dice que “quien no es comunista es que es mala gente”. Pablo Iglesias que “la guillotina es el elemento fundador de la democracia”, “pide disculpas por no romper la cara a los fachas con los que discuto en la televisión” y «el poder nace de la boca de los fusiles”.
Rousseau, el filósofo cuyos cinco hijos fueron donados inmediatamente a la inclusa, en la que el primer año en aquella época morían más de la mitad, no podía ser buena persona y sus discípulos tampoco. Se le considera como uno de los más siniestros y de los más formidables enemigos de la libertad en la historia del pensamiento humano. Humee lo definió como un “monstruo que se veía así mismo como el único ser importante del universo”. Diderot lo consideraba “falaz, vanidoso como Satán, desagradecido, cruel, hipócrita y lleno de malevolencia.
.
Enrique Gómez Gonzalvo 19/05/2020 Referencia 237