LA INMIGRACIÓN Y EL BUENISMO

 

 

La inmigracionDurante la segunda mitad del siglo XX y hasta la aparición de la gran crisis económica del 2007  Europa vivió una época de bonanza económica debida en gran parte a la globalización.  Su seña de identidad  fue  el Estado de Bienestar, que consistía  en garantizar empleos estables, buenos y bien pagados para todos, incluyendo  a los inmigrantes legales e ilegales de los diversos continentes.  Y cuando los empleos no era capaz de crearlos el mercado, se encargaba de hacerlo  el Estado a través de la inversión pública en grandes infraestructuras.

Actualmente, persistiendo   el estancamiento de  la economía en gran parte de la Unión Europea, un nueva crisis amenaza nuestro continente. En Italia, el  PIB está a nivel del 2001 y su deuda es del 132 %; en España el PIB  apenas  supera el del 2008 y Francia no está mucho mejor.  Muchos de los viejos empleos industriales en el Viejo Continente se están des localizando con rumbo a Asia, sobre todo.

Esta incertidumbre económica, unida al miedo a los ataques terroristas perpetrados por el islamismo radical, ha llegado a una parte significativa del electorado a rechazar la inmigración y el multiculturalismo. El 55 % de los 10.000 europeos encuestados recientemente por  Chatham  House   se mostraron a favor de parar totalmente la inmigración de los países musulmanes; ese porcentaje  solo era inferior al 50 % en España  y en el Reino Unido.

Ante los más de  cinco millones de personas  que solamente en África están esperando entrar en Europa (la renta per cápita de Marruecos es 14 veces inferior a la de España y la de África Central 25) hay 3 soluciones: levantar barreras como el muro de Trump o las vallas de Melilla,  impedir las deslocalizaciones industriales y por último, la estrategia que propone la nueva izquierda populista en España representada por Podemos. Se trata de la implantación en los países de Occidente de una  renta básica universal, incluyendo a los inmigrantes, que garantice una forma de vida estable a las personas que no vayan a tener empleo de modo más o menos crónico.

En cuanto a los inmigrantes ilegales,  la izquierda europea no sabe que hacer y está desconcertada.  Como tienen que parecer buenos no se atreven  a perseguirlos  y   expulsarlos, pero  dado el alto nivel de paro, sobre todo en España, no pueden  legalizarlos y darles permiso de trabajo.  La solución que proponen es permitir que permanezcan en Europa, con lo que   se facilita que empresarios sin escrúpulos los contraten ilegalmente con sueldos miserables o en condiciones insalubres y sin tener la Seguridad Social. La alternativa  es que   se dediquen  a actividades ilegales como la prostitución,  el top manta, la venta de películas pirateadas o falsificaciones de productos de marca,  además de subvenciones y donaciones de las ONG.  Con esto se favorece a las mafias que cobran hasta 5.000 euros por dar a los inmigrantes un pasaje en una patera.

Por otra parte, algunos países de la Unión, como Alemania, necesitan mano de obra extranjera por la baja natalidad. Por eso la inmigración es necesaria, pero  ha de ser selectiva y  controlada y a ser posible con contrato de trabajo desde el lugar de origen.

En España,  la respuesta al problema de la inmigración ilegal ha consistido en quitar las concertinas de Ceuta y Melilla y al que denuncia estas cosas como Santiago Abascal se le llama fascista o populista.

Enrique Gómez Gonzalvo 27/11/2019 Referencia 345

 

 

 

 

 

 

 

 


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