LA UTOPÍA

Charles Fourier describe así la sociedad utópica  en su obra La Basilala: “Mil hombres, o el número que se desee, de todos los oficios y profesiones, habitan una tierra suficiente para alimentarlos. Se ponen de acuerdo entre ellos en que todo será común. Todos juntos cultivan las tierras, recogen y almacenan las cosechas y las frutas en un mismo almacén. En el intervalo de estas operaciones, cada uno trabaja en su profesión particular. Hay un número suficiente de obreros, tanto para manipular y preparar los productos de la tierra como para fabricar todos los muebles y utensilios de distinto tipo. Aunque todo sea común, nada se prodiga, porque nadie tiene interés en coger más de lo necesario cuando está seguro de encontrarlo siempre porque ¿qué haría con lo superfluo en un lugar donde nada falta?”

Mucho antes que Fourier,  ya Platón, Tomás Moro, el dominico Campanella, el Abate de Saint-Pierre y otros muchos clérigos, filósofos, intelectuales o “iluminados”  habían desarrollado    su “proyecto” para construir el paraíso en la tierra.

La utopía liberticida más reciente es la Agenda 2030, plan de las Naciones Unidas para lo que ellos llaman  “desarrollo sostenible” y que ha adoptado el gobierno social comunista de Pedro Sánchez y cuyo lema  estrella  es: “en 2030 no tendrás nada y serás feliz.”

El  denominador común de  las utopías era siempre  la abolición del derecho de propiedad.  Robespierre afirmaba que, si suprimimos la propiedad privada y el comercio, la sociedad recuperaría inmediatamente la armonía. Carlos Marx creía  también que la clase trabajadora en su inmensa mayoría rechazaba la propiedad privada.

Siempre  diseñan una sociedad reglada, con una educación controlada  que va contra  la libertad y los derechos individuales. En todas  se puede llegar a  aplastar al individuo si lo exige el bien común  y terminan diciendo “Tu no eres nada, tu pueblo lo es todo”, “el bien común por encima del bien propio”.

Son frases  de Hitler, pero podrían ser de todos dictadores desde Robespierre, con la Revolución francesa, hasta Lenin, Stalin,  Mao o de cualquiera de las  ministras trotskistas del actual Gobierno de Pedro Sánchez si alcanzaran el poder.

Aunque las utopías han fracasado surgirán otras nuevas y  nunca desaparecerán  porque las ideas  de la igualdad, la felicidad,  la llegada del hombre nuevo y  que la bondad conduce a la felicidad están muy ancladas en nuestro cerebro.

No importa que vivamos en la mejor época de la historia de la humanidad y en el mejor de los mundos posibles. Que el porcentaje de la población mundial con desnutrición en 1935 fuera más del 50 % y ahora estamos cerca del 10 %. Que la tasa de  analfabetismo hace 200 años era del 90 % y ahora estamos rozando el 10 % y cayendo. Que la tasa de homicidios en Europa se hunda. Que cada vez somos más verdes. O que, finalmente la superficie de bosques en Europa haya crecido en los últimos 70 años

No importa tampoco que todo esto se haya conseguido en los 200 últimos años con el desarrollo del capitalismo y de la democracia liberal. Ni tampoco que se haya demostrado que éstas sean las únicas fuerzas descubiertas para mantener a una población inmensa con niveles crecientes de bienestar y con los mayores grados de libertad y

defensa de los derechos humanos

Enrique Gómez Gonzalvo 28-09-2019 Referencia 288


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