EL PAPA  FRANCISCO Y LOS INMIGRANTES

 

papaEl Papa Francisco confesó que lloró después  que le enseñaran una concertina de la valla de Melilla. Ha dicho recientemente  que   “acoger inmigrantes es un mandato bíblico”.

Es evidente que el papa Francisco, como jefe del Estado Vaticano,  puede acoger en los palacios vaticanos cuantos inmigrantes desee, incluso sin papeles y de la procedencia que le plazca.  En la entrevista que le hizo Jordi Évole, naturalmente en La Sexta,  se olvidó de explicar porqué la Ciudad del Vaticano es el único país de Europa que no tiene inmigrantes llegados de países pobres o zonas en conflicto.

En África hay varios millones de personas  que están esperando que España abra las fronteras para entrar, pero  es evidente que en España y en la Unión Europea no caben todos.

En quince de los 27 países de la UE existen  partidos populistas de extrema derecha con representación parlamentaria, que alientan en todos los casos propensiones xenófobas.

No es el caso de España, pero  es necesario  que todos que aspiren a vivir entre nosotros tienen que aceptar nuestras  leyes, para ellos y sus hijos. No puede haber  “excepción cultural” ni multiculturalismo. Tenemos una serie de valores que son intocables.

No es lo mismo un inmigrante hispanoamericano que tiene un idioma, una tradición y una cultura  que, por ejemplo, los que proceden de países árabes, cuya capacidad de integración es mucho menor.

Las libertades han crecido siempre en sociedades cristianas, en algunas budistas e incluso hinduistas, pero nunca en sociedades islamistas. No se puede admitir una religión que esclavice a la mitad de la población. No se puede admitir al Islam  como si fuera una creencia como la católica porque no lo es.

Los musulmanes decentes  en España son la mayoría y están en contra del islamismo que pone bombas, del islamismo que derriba las torres gemelas, que asesina, ametralla en París  o atropella con un camión  en Las Ramblas de Barcelona.

A este islamismo radical, papa Francisco,  ¿también hay que amarlo? ¿No se le puede odiar? ¿Solamente se puede odiar a Franco?

Tan compasivo con los inmigrantes ilegales, que por definición están fuera de la ley y tan poco que le preocupan los niños nacidos en Cataluña de  padres castellano parlantes y que  no pueden estudiar en su lengua materna.

El papa Francisco ha dicho  que no vendrá  a España hasta que no haya paz. Se supone que la paz para él es la rendición a los golpistas catalanes. Ha nombrado arzobispo de Tarragona a Joaquín Planelles,  que cuando era párroco de Jafre, colgó la “estelada” en el campanario de su iglesia. Cuando Dolores Caminal, esposa de Boadella protestó ante el cura párroco, hoy nombrado arzobispo por el papa Francisco,  le contestó que si no le gustaba este pueblo se marchara a otro y que podía poner la bandera española en el balcón de su casa.

El campanario, símbolo de llamamiento a la oración, se convierte así en objeto de propaganda de una política que promueve la separación y el enfrentamiento entre hermanos de una misma comunidad. A partir de este momento, cuando toquen las campanas, no sabremos si lo hacen para convocar  un acto religioso o  la  ruptura de España.

Lejos quedan los tiempos en que Rouco,  cardenal  designado por Juan Pablo II, afirmó que la unidad de España era un bien moral.

Enrique Gómez Gonzalvo  23/7/2019 Referencia 454

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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