LA IGUALDAD

 

IgualdadLa izquierda ha socializado la caridad, que ha pasado de ser una virtud teologal a una exigencia social, que ahora la  llaman  solidaridad. Nadie discute,  y menos la derecha, que gobierne quien gobierne, al Estado compete que la sociedad sea tan solidaria como sea posible.  Ya no sólo hay obligación de atender las necesidades mínimas de los más desafortunados, ahora sólo se es bueno si se persigue cuanta más igualdad, mejor. La idea de una renta mínima garantizada va por ahí.

Pero ocurre que, conforme la conciencia buenista se afirma, cada vez se atienden más necesidades precisando  impuestos cada vez más elevados.  Una vez que se ha decidido que es de justicia que el Estado cubra tal o cual necesidad, por extravagante que sea, no hay circunstancia económica adversa que disculpe dejar de satisfacerla.

A base de incrementar una y otra vez los derechos a todo el mundo  y subir los impuestos para poder atenderlos, ya no basta esquilmar a los ricos, sino que se ha hecho necesario saquear a la clase media.  A esa  gente que, gracias a su ahorro y a su esfuerzo,  logró salir un día de  la pobreza.

Estos nuevos contribuyentes  no entienden que, además de pagar sus propios servicios sociales,   tienen que compartir su pago con los de otros ciudadanos,   que, a su vez,  necesitan menos esfuerzo que el que ellos precisaron   para conseguirlos.

Si las subvenciones y las ayudas sociales siguen subiendo, se puede llegar al punto que, quienes reciban tantos ingresos, no les compense trabajar.

Lo malo de esta política que busca la máxima igualdad no es que sea de izquierdas, es que es equivocada. Está empíricamente demostrado que ninguna nación ha prosperado a base de subsidios y ayudas. Entonces, ¿por qué la abraza también la derecha? Porque  la derecha quiere ser tan buena como la izquierda y, para serlo, tiene que dejar de defender que cada cual pueda llegar hasta donde   su esfuerzo, su valía personal y su suerte se lo permitan, sin ayudas ni subvenciones, salvo las estrictamente  necesarias.

En esto radica una de las causas del avance de la extrema derecha en Europa. La amplia clase media, maltratada por la izquierda e ignorada por la derecha, la única que se preocupa de ellos es la extrema derecha, que  no es socialista, pero tampoco  liberal.

Contradictoriamente la igualdad la buscan los políticos, pero no la gente.  Los personas, más que vivir en un mundo igualitario lo que pretenden es elevar su nivel de vida.  No buscan la igualdad, no ser tan rico como  el vecino, sino mejorar su posición, sus ingresos. No quieren  ser iguales, quieren  mejorar.

Solo los envidiosos buscan la igualdad.

Enrique Gómez Gonzalvo.  10/04/2019  Referencia 216

 


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