El  GOLPE DE ESTADO  DEL 23 F

 

23FSegún la versión que nos han contando, el 23 de Febrero de 1981, un grupo de militares ultraderechistas prepararon un golpe de Estado para derribar la democracia, pero fracasó por la intervención del Rey Juan Carlos.

Todo es mentira. El golpe no iba contra la democracia sino contra Suárez, legítimo presidente del Gobierno.  El gobierno  que saldría no sería de extrema derecha, sino que estaría presidido por el General Armada, que contaba con la confianza del rey, con Felipe González de vicepresidente y con ministros de AP, de UCD, del PSOE y del PCE, es decir, sería un gobierno de unidad nacional.

Las cosas sucedieron así: En febrero de 1981la implacable escalada terrorista, unida a los problemas económicos y a la necesidad de embridar el problema de las autonomías, llevaron a buena parte de la opinión pública, a muchos dirigentes políticos y al propio  rey Juan Carlos I,  al convencimiento de que  era necesario  un cambio de rumbo quizás con otro capitán al  frente. Era el golpe de timón del que había hablado Tarradellas.

Desde el verano de 1980,  el rey Juan Carlos presionaba a Suarez para que le presentara la dimisión, ya que no podía cesarlo. En un duro enfrentamiento, Suarez le recuerda que tiene 6.400.000 votos, a lo que  Su Majestad le contesta: no me ha votado nadie, me puso Franco, pero antes de mi hay 16 reyes en mi familia.

Esta situación recuerda la de Antonio Maura, cuando Alfonso XIII le forzó a pedir la dimisión como Presidente del Gobierno,  tras el Desastre del Barranco del Lobo y los disturbios de la Semana Trágica y se despidió con estas palabras:  “me voy para que gobiernen los que no me dejan gobernar”. También recuerda el General Armada al General Primo de Rivera, que dio un golpe de estado con el visto bueno  de Alfonso XIII, el abuelo de don Juan Carlos.

Adolfo Suárez, ante el convencimiento de que se estaba preparando un golpe de Estado, el 29 de Enero de 1981 presentó su dimisión al Rey, como presidente del Gobierno y a continuación dimitió como Presidente de UCD. El falangista Suarez demostró  que él si creía  en la democracia y dimitió porque “mi marcha es más positiva para España que mi permanencia”  y “para que la democracia no fuera un paréntesis en la historia de España.

El golpe no tuvo lugar, porque el coronel   Tejero  se adelantó ya que no quería un gobierno de socialistas y comunistas.

Fracasado el golpe, el Rey con rapidez de reflejos, salió en Televisión diciendo que él no había sido.  Suarez  se ofreció a ser nuevamente presidente del Gobierno, pidiendo  al monarca que revocara su dimisión, a lo que éste se negó.

La intención era buena y seguramente conveniente para España, aunque no se sabe que habría pasado, pero ni  el rey  ni lo generales  pueden  quitar a un presidente elegido por las urnas.  Para eso está la moción de censura. Nadie puede saltarse la ley si no queremos que esto se convierta en una selva.

El golpe fracasó pero las consecuencias fueron importantes: la consolidación del sistema político vigente, el refuerzo de la legitimidad de la Monarquía, la desintegración del partido gobernante (UCD) y la victoria electoral del PSOE en 1982. Hubiera sido una ocasión magnífica para modificar el sistema autonómico.

Enrique Gómez Gonzalvo  25/02/2019 Referencia 175


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