MANIFESTACIÓN EN MADRID

 

Manifestacion den MadridEl  tópico en la literatura es que los personajes que sermonean a los demás son siempre los más conservadores. La realidad actual, sin embargo, es bien distinta. Si usted lee un comentario moralista, predicando una determinada conducta como buena y otra como mala, lo más probable es que proceda de un personaje que se autodenomina progresista.

La base de la izquierda, de lo que desde la Revolución Francesa llamamos izquierda, es que moralmente se considera superior a la derecha. Ellos son los buenos y  todos los que no son de izquierdas  son los malos y maquinan, engañan o hacen trampas para perjudicar a la gente. Dan lecciones a todo el mundo cuando deberían pedir disculpas.

Pedro  Sánchez, apoyándose en los comunistas de Podemos  y   en los golpistas catalanes, echó a Rajoy diciendo que convocaría elecciones a la mayor brevedad posible y han tenido que pasar casi nueve meses, además de un clamor popular parecido al de Venezuela contra Maduro, para que anunciara su convocatoria.

Es insufrible  tener que aguantar a los políticos socialistas y podemitas hablando constantemente de la  riqueza como el fruto de la explotación del obrero y no como el resultado de haber generado  riqueza para la sociedad. Consideran la propiedad privada como un robo y la propiedad inmobiliaria como  un crimen contra la gente que no puede tener una vivienda digna, mientras varios ministros  poseen un enorme patrimonio inmobiliario de viviendas y fincas de lujo, que además ocultan a Hacienda para no pagar impuestos.

Llaman especulador a cualquiera, pero el ministro de Asuntos Exteriores ha recibido  una sanción por un falta muy grave, vender acciones utilizando información privilegiada.

Dan a todos lecciones sobre dictaduras, pero Pedro Sánchez se pasea por La Habana en compañía de dictadores con sesenta años de experiencia  y Rodríguez Zapatero sigue defendiendo, casi en solitario, a Maduro y a su criminal dictadura venezolana.

Han hecho de su odio a los ricos una de sus señas de identidad, pero cuando ellos se hacen ricos,  toda su riqueza tiene un origen justo gracias a la pureza ideológica del propietario.

José Bono, uno de estos defensores de las clases necesitadas, posee un  cuantioso patrimonio familiar,  en el que se incluye un piso de un millón de euros en el centro de Madrid, una lucrativa compañía hípica, un ático en el barrio de Salamanca, el más caro de la capital, dos áticos más en Estepona, una joyería en Albacete y unos ingresos anuales superiores al millón de euros. Siendo presidente del Congreso de Diputados salió a la palestra a declarar que lo “indecente no es tener, sino robar”.

La cuestión es por qué si Bono considera que “tan honrado o miserable puede ser quien gana 10 como quien gana 1.000”, se ha tomado tantas molestias en ocultar que ganaba no 1.000, sino un millón. ¿Por qué ha tenido que asignar la propiedad de una joyería a una niña de 10 años, sin capacidad civil para obrar y dirigir una compañía?   ¿Por qué ha descalificado a los que  sacaban a   relucir su patrimonio tachándolos de extrema derecha?

Enrique Gómez Gonzalvo  21/02/2018 Referencia 390


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