LA PERSONALIDAD DE LOS POLÍTICOS

 

La personalidadLa personalidad es el conjunto de rasgos y cualidades de un individuo que le hacen único y diferente  a todos los demás. La personalidad se mantiene estable a lo largo de la vida, con algunos pequeños cambios por la maduración del individuo y la adaptación a la sociedad. La parte congénita de la personalidad   se llama temperamento y la adquirida carácter.

Las personas “con carácter fuerte “son las que son capaces de controlar su temperamento y dominar sus impulsos y las de “carácter débil” son las que se dejan llevar por sus impulsos, si bien, en lenguaje vulgar, cuando decimos que una persona tiene mucho carácter queremos decir mal carácter.

Según el DSM-IV existen 10 tipos de personalidades básicas: antisocial, evasiva, límite, dependiente, histriónica, narcisista, obsesiva, compulsiva, paranoica, esquizoide y esquizotípica.   En cada uno de nosotros predominan  los rasgos de una o de varias, pero  si estos rasgos son tan acusados que producen  sufrimiento en el propio sujeto o en las personas que le rodean, se habla de Trastorno de la personalidad.

 La personalidad de los políticos presenta con frecuencia rasgos  paranoides (suspicaces,  desconfían de todos incluso de sus más íntimos colaboradores,  piensan que todos quieren engañarlos, perciben  a los demás como enemigos), histriónicos (muy preocupados por su imagen, siempre buscando ser el centro de atención,   conducta exageradamente seductora hacia  los demás, es como si vivieran una obra de teatro en que ellos son los protagonistas), narcisistas  (con  un concepto elevado  de sí mismos sienten la necesidad de ser admirados, tienden  a exagerar sus logros, se consideran brillantes y poderosos, creen merecer un trato especial) y   algunos psicópatas (se muestran encantadores, simpáticos y seductores, pero carecen de empatía y de sentimiento de culpa, por eso no tienen inconveniente en corromper y en corromperse y en casos extremos ordenar ejecuciones más o menos oficiales.

El síndrome de Hybris afecta a personas que han desempeñado  puestos con gran poder  durante periodos prolongados, son fundamentalmente narcisistas. Entre ellos,  Franklin D. R Roosevelt, Kennedy, Lyndon B. Johnson, Margaret Tacher, George Bush. Todos  tienen en común un exceso de seguridad en si mismos, creciente pérdida de contacto con la realidad, piensan que solo tienen que responder ante Dios y ante la historia, identifican sus propios intereses con los de la nación.

Lo que de verdad caracteriza a los políticos es su afán de poder y el poder es una droga que genera dependencia y además  vuelve a la gente muy mala.  Todos los validos quieren destronar a su señor y por eso, lo halagan: eres dios, ¿qué piensas presidente? Ningún político  se resiste a esto por lo que  llevan muy mal que se les lleve la contraria, pero  la soberbia les pierde y alguna vez Goliat encontrará a su David y perderá el poder. Por eso, como  el ascenso va ligado a la fidelidad al jefe, el que manda no suele ser el más capaz sino el más adulador.

El poder los enloquece y los vuelve idiotas. Begoña, la esposa de Pedro Sánchez, hija del multimillonario Sabiniano Gómez que adquirió su fortuna con las saunas gay, a pesar de que su marido es un interino pues  ha entrado en la Moncloa por la puerta falsa tras pactos oscuros con los nacionalistas  y con la promesa de convocar elecciones de forma inmediata, quedó “horrorizada” con los muebles de la residencia privada del Palacio de la Moncloa por lo que quiere  cambios más “contundentes” y ha ordenado un cambio integral del mobiliario. Se da la circunstancia de que  el año 2006 el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, reservó una partida de 500.000 euros en los Presupuestos Generales del Estado para renovar el mobiliario monclovita.

El asunto de Begoña recuerda a Mariano Bermejo, hijo de falangista y ministro de Justicia con Zapatero que en el año 2007, dos meses antes de las elecciones, se gastó 250.000 euros en reformar el piso del Estado en que vivía. No comprendía que no estaría en el nuevo gobierno, como así sucedió.

En ambos casos se trata de “dignificar” la vivienda porque se consideran  gente muy importante. Solo un megalomaniaco o megalomaniaca, como diría Pedro Sánchez, puede hacer  algo parecido.

Enrique Gómez Gonzalvo  03/10/2018 Referencia 348

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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