EL “DESASTRE” DEL 98

 

 

El Desastre del 98 1En el año 1898, en el curso de la guerra de la independencia cubana, se produjo un  conflicto bélico entre España y Estados Unidos  con la consiguiente derrota de nuestro país que se tradujo en el hundimiento de nuestra flota  y  la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

España fue arrastrada por sus dirigentes a esa guerra  con los Estados Unidos que no podía ganar. La contienda era enormemente desigual: un país de 74 millones de habitantes, en plena pujanza y ya la primera potencia industrial del mundo, contra uno de 18 millones. Además, el teatro de operaciones se encontraba al lado mismo de la gran potencia y a miles de kilómetros de la pequeña.

Cervera, el comandante de la flota no tenía dudas del desenlace, como queda de manifiesto en estas líneas que escribió a su hermano: “Vamos a un sacrificio tan estéril como inútil y si en él muero, como parece seguro, cuida de mi mujer y de mis hijos”.

Los americanos no esperaban semejante harakiri y al principio les cogió de sorpresa. Cervera no combatió, navegó junto a la costa y fue embarrancando los barcos uno a uno conforme los destructores americanos se les echaban encima.

Al final de la jornada 350 españoles habían encontrado la muerte en las aguas de la bahía. Cervera no estaba entre ellos, ganó la costa a nado, fue hecho prisionero por los americanos y liberado a los pocos meses. Moriría años después, convertido en senador vitalicio. Pronunció  la estúpida frase “todo se ha perdido menos el honor”, pero era el siglo del Romanticismo.   Hoy sus restos reposan junto a los de los héroes de Trafalgar en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

Los ilustres escritores  de la llamada Generación del 98 hablaron del Desastre del 98 o simplemente del Desastre. La realidad es que hubo un desastre militar, pero nada más. No hubo ni desastre económico ni desastre político. El grueso de la población española acogió el fin de las guerras y la pérdida de las colonias con conformidad, alivio e indiferencia.

Simplemente España quedó reducida a  sus antiguas fronteras sin territorios ultramarinos.

La independencia fue un negocio para España. Se repatrió el dinero ante la inseguridad jurídica y se crearon los nuevos bancos españoles. El fin de la sangría de la guerra de Cuba propició una época económica muy brillante y la más beneficiada fue Cataluña. Antes de un decenio la escuadra había sido reconstruida con navíos más modernos y había aumentado la flota mercante.

Cuba se convirtió en la práctica en una colonia de Estados Unidos y admitieron inmigración española, según dijeron,  para blanquear la población.

Lo grave no fue la pérdida de las colonias ocurrida cuando los demás países europeos emprendían nuevas aventuras imperialistas sino la interpretación que le dieron a esa derrota los intelectuales. Lo que no fue más un contratiempo pasajero, para ellos, nuestra historia y nuestro pasado tan glorioso se derrumbó como un castillo de naipes.

Debido a esos intelectuales  la idea  que nos ha quedado del 98 es que entonces se alcanzó el punto más bajo por la depresión económica, política y cultural de lo que  era la nación española. Y lo peor fue la imagen que nos forjamos de nosotros mismos. Nos consideramos como un pueblo que había quedado al margen de la modernidad y que toda nuestra trayectoria histórica había sido equivocada, aunque nada está más lejos de la realidad, pues nuestra historia ha sido gloriosa. Recordemos solamente tres episodios:

–La Reconquista, una de las epopeyas más gloriosas de Occidente. Fuimos la única nación de Europa y África que tras ser invadida, conquistada y sometida por los musulmanes, conseguimos expulsarlos a sangre y fuego, como habían entrado, para que España volviera a ser romana y cristiana.

–El descubrimiento, la conquista y la civilización de todo un continente,  incorporándolo a la Civilización Occidental,  la mejor que ha existido a lo largo de la historia.

–Detuvimos  en Lepanto a los turcos de Solimán El Magnífico, los   herederos  históricos de aquél califato islámico que dominó España durante siglos y que representaban un peligro para la Cristiandad, tan grave como en su época lo fueron  los hunos o los mongoles.

En Europa, a la que tanto admiraba Ortega “España es el problema y Europa la solución” surgirían  dos  ideologías siniestras, el Nazismo y el Comunismo  y se desangraría  en 1914 en la Primera Guerra Mundial  y  en 1941 en la Segunda.

Enrique Gómez Gonzalvo,  27/01/2018. Referencia 138

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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