LA DEMOCRACIA EN CATALUÑA

                                         
LA DEMOCRACIA EN cATALUÑA

                                                  

Hace 40 años  se instaló en España un sistema democrático y  un año antes, en el 76,  se promulgó una ley de amnistía para todos los delitos políticos,   que incluía a los etarras. En 1978  la Constitución  fue aprobada por el 80 % de los españoles, mediante voto libre y secreto,  no ha  habido ninguna constitución en la historia de España con tanto consenso.

La base de la Constitución radica en que la soberanía radica en la nación española y la nación somos nosotros,  los españoles,   que  a través de los partidos políticos elegimos a nuestros representantes que nombrarán al Jefe de Gobierno.  Esos gobernantes los podemos cambiar, sin necesidad de llegar a la guerra civil, mediante votaciones periódicas.

 La democracia   no es un  fin en sí misma sino un medio para conseguir la libertad. Lo fundamental de la democracia es que todos somos iguales ante la ley y ésta es la clave de la modernidad. En  la Edad Media un noble podía robar, pero si lo hacía  un pobre lo ahorcaban. Las princesas que cometían delitos y representaban un problema para la corona   eran recluidas  en el monasterio cisterciense de las Huelgas de Burgos y  sus maridos eran  despojados  de todos sus bienes y desterrados. En la actualidad,  todos somos iguales ante la ley, la princesa y el mendigo y  a igual delito deben recibir el mismo castigo.

Los políticos son nuestros funcionarios, a los que les pagamos el sueldo a través de los impuestos y   deben dar toda clase de explicaciones a nuestros representantes en el Parlamento. Así el cargo de ministro es el de gestor de una compañía de 47 millones  de personas y debe rendir cuentas a  los accionistas de esa compañía que se llama España.

La diferencia con los regímenes totalitarios es que éstos tratan de imponer lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que sentir y lo que tenemos que decir. Y a los disidentes los “corrigen.” Corregir es tratarlos  como enfermos mentales,ya que si uno  se opone  al comunismo que es tan bueno es porque está loco, por lo que lo mandaban  a un hospital   psiquiátrico de rehabilitación donde lo someten a electro shock, lo convencen  que el marxismo leninismo es la salvación de la humanidad y al final tendremos un comunista “corregido” aunque  descerebrado.

Cuando se aprobó la Constitución nadie pensaba que  Cataluña, 40 años después, estaría a las puertas de una dictadura. Solamente  Tarradellas lo anunció: Pujol establecerá una dictadura blanca que será peor que la roja. Y, efectivamente, se trata de una dictadura porque no se respetan los derechos humanos. Uno de ellos es el que tienen los niños de estudiar en la lengua materna y esto no ocurre con los castellano hablantes, que representan más del 50 % de la población. A esos niños les obligan a estudiar en una lengua que no es la suya para que olviden sus orígenes, para que el niño pertenezca al Estado y para crear un hombre nuevo en un mundo nuevo. Es lo mismo que han pretendido siempre todos  los regímenes totalitarios.

En Cataluña se ha producido una fractura lingüística total. Según la Sociedad Civil Catalana, el 77,6 % de los catalanes que tienen como lengua materna el catalán son independentistas y el 73 % de los catalanes que tienen el castellano como lengua materna son antiseparatistas. El que la mitad de la población de Cataluña no tenga derecho a escolarizarse en su lengua materna no pasa en ningún lugar  del mundo.

Es cierto que a esta situación tampoco se habría llegado sin la valiosa colaboración de los partidos comunistas, cuya ideología, tras la caída del muro de Berlín sorprendentemente es tan atractiva para 5 millones de españoles, constituyendo la tercer fuerza política del país. Ellos aspiran  a tomar el poder, demoler el Régimen Constitucional del 78 y  quedarse para siempre, volviendo a la época más siniestra y sangrienta de la historia de España que fue  la Guerra Civil.

También ha ayudado a  la  situación,  a la que hemos llegado, la Conferencia Episcopal Española. Han pasado los tiempos en que el cardenal Rouco decía que la unidad de España era un bien moral, que   unía a los españoles en una serie de valores compartidos durante milenios. Ahora la Conferencia episcopal dice que hay que dialogar, es decir, que hay que rendirse ante los que quieren destruir España y que hay que respetar los derechos de los pueblos que conforman el estado.

                  Enrique Gómez Gonzalvo 1-10-2017 Referencia 189


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