LA CORRUPCIÓN DEL PARTIDO POPULAR Y DEL PARTIDO SOCIALISTA

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Dada la naturaleza humana la corrupción es inevitable, y más en España, con  una Administración tan disparatada como la nuestra que mantiene en nómina a unos 100.000 profesionales de la política en ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas, parlamentos, empresas públicas y en  el Gobierno central.

La reacción de los políticos ante la corrupción, en general, ha sido cruel y miserable.  La mayor parte de la gente no es tan repugnante como ellos.

Es necesario explicar a los jóvenes que la corrupción del Partido Popular, aunque es la que más ha salido en la prensa, aún siendo terrible, es pequeña si la comparamos con la del PSOE sobre todo en la época de Felipe González.

En el Partido Popular, los dos casos de corrupción más llamativos han sido   el caso Bárcenas, cuya cuantía es de 50-60 millones y el Caso Gurtel cuyo importe es de 50 a 100 millones. La gravedad  del Caso Bárcenas, “los sobres del PP”, aun siendo una cantidad importante,  radica en que está implicada  la cúpula del partido con las únicas excepciones, al parecer, de Esperanza Aguirre y de Alberto  Ruiz Gallardón. Todos recibieron sobres en negro  como complemento a sus emolumentos oficiales.

En el Partido Socialista la corrupción comenzó con la expropiación de Rumasa. Si es verdad que estaba quebrada, debería haber ido  a concurso de acreedores, pero Alfonso Guerra dijo “to pal pueblo” y la expropiación  nos costó a los españoles 2 billones de pesetas.  De ella se beneficiaron muchos amigos de los políticos en el poder, como  Gustavo Cisneros, amigo de Felipe González,  en cuyo  yate veraneaban  Miguel Boyer e Isabel Preysler. Gabriel Cisneros   se quedó con Galerías Preciados con un contrato mínimo de 6 años  y   a los 3 lo vendió con importante plusvalía.

Dos vicepresidentes de González cayeron por corrupción. Guerra montó un despacho a su hermano Juan, al lado de la Junta de Andalucía, en el que por un cafelito cobraba la mordida y los trámites se agilizaban. Solo terminó cuando su esposa, despechada, le  denunció.

Narcis Serra, el vicepresidente de los pies planos, el que fue a la primera guerra de Irak con dos fragatas acompañado a Marta Sánchez para que cantara  los soldados del amor,  el gran espía, el espía de todos los espías, al final tuvo que dimitir porque espió hasta al rey Juan Carlos, gravando las conversaciones del monarca comentando y hablando de sus novias con sus amigos.   Posteriormente, nombrado presidente de Caixa de Cataluña, compraba participaciones de cualquier empresa y así  le hacían miembro del Consejo de administración. Le acusaron también  de  administración desleal por haber aumentado los sueldos de los directivos de forma desproporcionada mientras la entidad estaba en una situación de insolvencia. Fue imputado tras encontrar un agujero negro de 700 millones de euros entre 2000 y 2007. Le pidieron 4 años de cárcel, pero si dice que lo hizo por amor, por amor a Cataluña, se quedará en nada.

El ministro Solchaga tuvo  que dimitir cuando se descubrió  que tenía una cartera de valores en bolsa,  porque  con sus declaraciones podía hacerla  subir o bajar.

Mariano Rubio,  director del Banco de España, el que firmaba los billetes, dimitió   porque le pilló el diario El Mundo con  una cuenta con  Manuel de la Concha, el de la bolsa.

Roldán, el director General de la Guardia Civil fue a la cárcel  pues robó hasta las huchas de los huérfanos de la Benemérita y cobraba comisión de  los cuarteles que construía.

También fueron a la cárcel en aquella época el Director General de la Guardia Civil, la Directora de la Cruz Roja, la del BOE, el Director General del Banco de España, dos ministros (Barrionuevo y Roldán), un subsecretario (Vera) y muchos más.

En Andalucía el PSOE ha sido una máquina de robar. Dos  ex presidentes (Chaves y Griñán), la ex ministra de Fomento Magdalena Álvarez con otros 20 irán al banquillo ante la justicia y 220 imputados por malversación y prevaricación en el reparto arbitrario de 850 millones de euros de dinero público destinado a los parados.

Bono y Zapatero intentando  vender dos barcos de guerra a Venezuela, a lo que  se opuso EE UU porque tenían tecnología punta americana, pero a Bono no lo han tocado porque, cuando era Ministro de Defensa rompió un armario para llevarse los papeles del CESID.

El punto cumbre de la miseria moral fue el caso GAL con 27 asesinatos y el secuestro de Antonio Marey. Felipe González era el responsable, pero se negó a  asumir todo tipo responsabilidad. Debería haberse declarado el único responsable y decir que se equivocó, pero  que lo hizo porque  entonces la situación de España ante ETA, sin la colaboración de Francia,  era desesperada. No tuvo la grandeza de Margaret Tacher que, ante los terroristas del IRA abatidos en Gibraltar, afirmó en  el Parlamento: he sido yo. La oposición se sentó y todo terminó. Felipe, miserablemente, mandó a su ministro  José Barrionuevo y al  subsecretario Rafael Vera a la cárcel, mientras ellos  a la puerta de la cárcel jugaban  a la rueda  la patata.

La corrupción continuó tras Felipe González. Actualmente toda una generación de socialistas se va a sentar en el banquillo por el fraude de los ERES cuya cuantía es de unos 800 millones de euros.

Enrique Gómez Gonzalvo.  08/09/2016 Referencia 122


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