64 LA CUARTA HUMILLACION

Todas las civilizaciones, desde la más remota antigüedad, han coincidido en que la Tierra era el centro del universo y todos los astros, incluído el sol giraban alrededor de la Tierra. Es la llamada teoría geocéntríca. Aún hoy, en el lenguaje popular se dice que el sol sale por el Este y se poner por el Oeste, como si la Tierra estuviera quieta y fuera el sol el que girara alrededor de ella.

Esta teoría estuvo vigente hasta el siglo XVI, cuando Copérnico aseguró que la tierra y los demás planetas eran los que giraban alrededor del sol.
Esta fue la primera humillación: nuestro planeta no es el centro del universo.

Todas las religiones desde las más primitivas, afirman que el hombre fue creado por unos seres superiores a los que llamaban dioses. Estas ideas persistieron hasta que Darwin, según la Teoría de la evolución de las especies, llegó a la conclusión de que todos los seres vivos, incluído el hombre somos producto de la evolución, es decir, que tenemos un antepasado común con los monos.
Esta fue la segunda humillación: no fuimos creados por un ser superior, sin que somos productos de la evolución como todos los seres vivos.

El inconsciente, según Freud se puede definir como aquél contenido mental del que no tenemos conocimiento de su existencia y que nunca conoceremos. Se parece a un agujero negro, en el sentido de que no podemos conocer su contenido. Pues bien, gran parte de las decisiones que tomamos se deben al contenido de ese agujero negro que no conocemos.
Es decir, tomamos las decisiones voluntariamente pero no sabemos por qué

Hasta ahora teníamos la impresión que el cerebro funcionaba como si en él hubiera un “personajillo” al que llamábamos “yo” , que procesaba nuestros pensamientos, recapacitaba, meditaba y decidía con criterios racionales y en libertad. Sería como el despacho oval de la Casa Blanca.
Pues bien, el “yo” no existe, es una construcción cerebral. Es cierto que recibe informaciones del mundo exterior a través de nuestros sentidos (vista, oído, etc), que esta información la procesa y la traduce en pensamientos, la mayoría de ellos no suelen ser sabios, maravillosos ni siquiera útiles, sino mera cháchara. Pero no triunfan los mejores, o los más racionales, o los que nosotros queremos, sino los que son buenos para nuestra supervivencia o los que están más de acuerdo con nuestras emociones. Esto limita en gran parte nuestra libertad. Las repercusiones en todos los campos si todo esto se confirma son enormes. Si no somos libres, no somos responsables de nuestros actos, no hay pecado, luego no debe haber castigo, etc.

Esto, la inexistencia del yo, es lo que el Dr. Rubia (en la foto superior) llama la cuarta humillación.

 

Enrique Gómez Gonzalvo,  11-09-2015

 

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